La empresa municipal Ildo asumió la responsabilidad del mantenimiento de las zonas verdes de Orihuela Costa a mediados de enero, casi un año después de que la sesión plenaria aprobara por primera vez su mandato de gestión.
La tarea era considerable, abarcando más de 2,5 millones de metros cuadrados, 213 áreas verdes designadas y el mantenimiento de 7.000 palmeras. Para cumplir con estas demandas, las especificaciones del contrato aumentaron significativamente la fuerza laboral de 12 a 30 empleados, con el objetivo declarado de lograr un mantenimiento integral en todos los espacios públicos verdes.
Sin embargo, casi tres meses después, la realidad sobre el terreno parece estar lejos de las expectativas establecidas.
Esto es más evidente en La Regia, donde los residentes frustrados han expresado durante mucho tiempo su preocupación por el estado en declive de su parque local, que está limitado por las calles Calle Ortosa, Apatito y Fluorita. A pesar de las quejas repetidas, poco ha cambiado y el área sigue siendo una sombra sobrecrecida y descuidada de lo que una vez fue.
Uno solo puede imaginar la belleza anterior del parque, un refugio bien cuidado donde familias y vecinos podían reunirse en un entorno diseñado para el ocio y la relajación. Hoy en día, sin embargo, la naturaleza casi lo ha reclamado por completo. Las vides se extienden descontroladamente sobre los bancos, mientras que las aceras agrietadas están ahogadas en maleza que empuja a través de sus superficies fracturadas.
Sumado al sentimiento de desperdicio está el destino de los numerosos árboles plantados por el consejo hace solo un año a un costo significativo. Sin un mantenimiento adecuado, la mayoría se ha marchitado y muerto, dejando atrás nada más que cáscaras secas y sin vida. Esta vista sombría sirve como una metáfora para el estado general del parque: lo que debería haber sido un espacio verde próspero se ha convertido en un símbolo de negligencia.
Cuando Ildo asumió la responsabilidad, su llegada fue anunciada con gran pompa y promesas de transformación. Sin embargo, a medida que pasa el tiempo, su presencia se siente más como una ausencia. Para los residentes de La Regia, el parque sigue siendo un claro ejemplo de compromisos incumplidos. Es una pena porque, con el cuidado y la atención adecuados, este parque podría ser un brillante faro para la comunidad: un espacio verde y acogedor en lugar de un páramo abandonado.
Por ahora, las vides siguen trepando, las malas hierbas siguen creciendo y el parque sigue siendo un emblema de lo que sucede cuando las promesas no se cumplen y los espacios públicos se dejan en decadencia.
La pregunta sigue siendo: ¿se tomará alguna acción antes de que sea demasiado tarde, o el parque simplemente se convertirá en otro rincón olvidado de Orihuela Costa?












