Estudios recientes han destacado los alarmantes problemas de salud mental que enfrentan los miembros de las fuerzas de seguridad en España, particularmente aquellos que trabajan en condiciones de alto estrés.

Con tasas de suicidio entre los oficiales tres veces más altas que el promedio nacional, los expertos se están enfocando cada vez más en el bienestar psicológico de estos profesionales. En los últimos meses, dos oficiales de la Guardia Civil en la provincia han tomado trágicamente sus propias vidas, uno de los cuales estaba de baja por enfermedad debido a la depresión.

Esto ha llamado la atención sobre los problemas de salud mental que afectan a los equipos de servicios de emergencia, ya que entre 25 y 30 oficiales mueren por suicidio cada año, mientras que el promedio nacional es de aproximadamente 11 suicidios al día.

Federico Gómez Sáez, un comisario de policía local retirado, explica que la tasa de suicidios entre las fuerzas policiales es significativamente más alta que la de la población general, con algunas fuerzas, como la Guardia Civil, que presentan tasas tan altas como el 15%.

Gómez señala que muchos oficiales sufren en silencio, evitando buscar ayuda debido al estigma asociado a los problemas de salud mental en la aplicación de la ley. Argumenta que los oficiales a menudo niegan sus problemas de salud, lo que lleva a un mayor sufrimiento.

Para abordar estas preocupaciones, la Universidad de Alicante presentó recientemente el Manual de Buenas Prácticas en Salud y Bienestar Policial. Esta guía fue desarrollada para identificar posibles riesgos y crear medidas preventivas para los profesionales de los servicios de emergencia.

La pandemia subrayó la necesidad de apoyo para la salud mental, una necesidad que ha sido aún más enfatizada por eventos traumáticos recientes, como la catástrofe por inundaciones en Valencia, que ha provocado que muchos oficiales necesiten atención psicológica.

Las bajas laborales relacionadas con la salud mental han aumentado significativamente en los últimos años. De 35,000 casos en 2018, el número de días de baja por problemas de salud mental en España aumentó en un 84%, alcanzando los 66,000 en 2024. Los equipos de emergencia se ven desproporcionadamente afectados, con muchos casos que antes estaban ocultos, ahora saliendo a la luz.

Este estudio tiene como objetivo proporcionar mecanismos de apoyo para ayudar a los oficiales a reconocer y abordar los problemas de salud mental antes de que se conviertan en condiciones más graves.

El enfoque del estudio para eliminar el estereotipo de “héroe” en la aplicación de la ley, que desalienta a los oficiales de buscar ayuda, es esencial para romper el estigma en torno a la salud mental.

Este esfuerzo se inició después de la pandemia de COVID-19, con un enfoque en abordar el estrés, la ansiedad y la depresión que, si no se tratan, podrían desarrollarse en condiciones crónicas como el PTSD, afectando finalmente el rendimiento laboral.

La reciente catástrofe por inundaciones en Valencia ha puesto de relieve aún más el impacto psicológico sobre los oficiales. Muchos de ellos fueron testigos de la devastación en sus propias comunidades, lo que condujo a una “doble victimización” como primeros respondedores y residentes.

Los oficiales informaron de un aumento del estrés debido a las largas horas de trabajo, la falta de recursos y la exposición a eventos traumáticos como el rescate de personas de casas inundadas y el encuentro con cuerpos arrastrados por las aguas de las inundaciones.

Un factor de riesgo importante en los suicidios policiales es el acceso a armas de fuego. De hecho, hasta el 86% de los suicidios en las fuerzas de seguridad en España involucran armas de fuego. Los oficiales de policía, especialmente aquellos con más de 18 años de servicio, son los más vulnerables, a menudo sufriendo de problemas de salud mental no tratados, depresión y estrés debido a la exposición a la violencia y situaciones traumáticas.

Estos desafíos se ven agravados por una cultura organizacional que desanima la vulnerabilidad y la búsqueda de apoyo psicológico.

Para ayudar a combatir este problema, los expertos recomiendan dedicar más recursos a la atención de la salud mental en las fuerzas de seguridad y romper el “código de silencio” que desanima a los oficiales a buscar la ayuda que necesitan.